Sanchez Mtz. Ana Lee
Hoy desperte en un campo donde el pasto era morado, el cielo rosa y las nubes anaranjadas. A lo lejos podía apreciarse un sendero de tortugas voladoras, en el cual si no ibas saltando en un pie mientras recitabas el abecedario te comían los dedos, terminando de cruzar el sendero, se encontraba un iglú en el cual vivia una familia de ornitorrincos que me invitaban a comer chocolates con chispas de algarrobo del mismisimo Willy Wonka, termine quedandome a dormir con ellos en una cama que tenía una incómoda zanahoria debajo del colchón.
En la mañana el distinguido Señor Pez me despertó para decirme que me esperaban en el lago para cruzar hacia el pueblo de los hombres topo que me habian encomendado una misión, recuperar el frasco de mostaza consagrado por el convento de las Carmelitas de los Pies Descalzos, este habia sido robado por los duendes come calcetines para comprar pitufresas a Gargamel y asi destruir al mundo submarino de Aquaman y los gnomos morados a falta de oxígeno.
Decidí dirigirme a la cabaña hecha de barras de pescado en donde vivía Gargamel para conseguir las pitufresas, a cambio el pidio una noche de pasión y locura desenfrenada a la cual accedí, habiendo terminado nuestro asunto Gragamel se transformó en un príncipe diciendome que habia logrado romper el hechizo y a cambio me dio dos toneladas de pitufresas que guarde en mi morral hecho de lana de llama.
Al llegar con los duendes come calcetines descubrí que mis zapatos habian desaparecido y que los duendes ya se habían comido mis calcetines, no le dí mucha importancia y les ofreci mis dos toneladas de pitufresas para destruir el mundo submarino de Aquaman y los gnomos submarinos morados a falta de oxígeno y me devolvieron el frasco de mostaza consagrado por el convento de las Carmelitas de los Pies Descalzos, despues de mandar señales de humo al pueblo de los hombres topo, estos mandaron un dragón de komodo que escupía mentitas para que mi regreso fuera mas fácil.
Le devolví el frasco de mostaza consagrado por el convento de las Carmelitas de los Pies Descalzos al pueblo de los hombres topo y el distinguido Señor Pez me llevó de regreso al iglú, con la familia de ornitorrincos a cenar chocolates con chispas de algarrobo del mismisimo Willy Wonka. Terminando de cenar volví a dormir en la cama que tenía una incómoda zanahoria debajo del colchón.
Al día siguiente desperté en un campo donde el pasto era morado, el cielo rosa y las nubes anaranjadas. A lo lejos podía apreciarse un sendero de tortugas voladoras, en el cual si no ibas saltando en un pie mientras recitabas el abecedario te comían los dedos...


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